Prosa y beso

Tengo un amor a distancia.
Ya sabéis lo que eso implica:
lo bueno está en que uno no pica
y lo malo está en la estancia
conyugal que está vacía
y se nota en los cajones,
sin braguitas ni tampones
y en la cama que está fría.
Así que ahora me debato
en si valgo “pa” estas cosas,
para esta novela rosa
de escritura y celibato.

Y no es que sea un obseso.
Y no es que no la quiera.
Es que ya me exaspera
tanta prosa y tan poco beso.
Y cartas iban y venían
desde Londres a París.
Yo me muero por un kiss.
No soy como otros serían.
Que los días se hacen largos
y más las noches todavía
sin tocar su lencería
y salir de este letargo.

Y no es que sea un obseso…